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El logo me lo hizo mi sobrino.

“El logo me lo hizo mi sobrino”. Los que nos dedicamos a alguna variante del diseño, escuchamos expresiones similares demasiadas veces.

Hace unos días pidieron a un amigo técnico la redacción del proyecto y documentación necesaria para la reforma y licencia de actividad de un nuevo espacio comercial. Por suerte, aún esto no lo pueden hacer “los sobrinos” salvo que tengan la titulación necesaria.

“Quiero que esta sea la primera tienda, pero mi idea es franquiciar la marca a corto plazo” dijo el promotor del proyecto. Su intención parece que es hacer algo grande. En ese momento, surge la inevitable pregunta en un proyecto que opta a ser franquiciado, ¿Quien se ha encargado de la imagen corporativa? ¿Y el diseño del punto de venta? Generalmente, el éxito de un proyecto comercial tiene una estrecha relación con su imagen, pero cuando la idea es optar a franquiciar, es condición ‘sine qua non’ tener una imagen muy cuidada.

Y otra vez, la gran respuesta, “el logo me lo hizo mi sobrino que más o menos sabe de eso y el diseño del local lo hice yo, tenía muy claro lo que quería”.

paul

¿Claro lo que quiere? Nada más lejos de la realidad. Y no, ni el sobrino era diseñador gráfico ni el cliente de interiores.

Lo que si es cierto, es que del total de la inversión en un nuevo proyecto comercial, el porcentaje que se destinaría a diseño es muy bajo, en torno a un 3-4%. Si tenemos en cuenta la gran relación que tiene el diseño con el éxito o fracaso de una idea de negocio, ¿es rentable estar molestando a tu sobrino? Rotundamente no.

Sobrinos del mundo, por favor, dejen de hacer logos, sus tíos, se lo agradecerán.

 

Domingo Valido. CEO de Globarq.